Miko quiere construir una torre tan alta que el viento haga bailar su molinillo turquesa. Bloque a bloque, la torre crece... y también se inclina. Miko intenta enderezarla y sujetarla sin que Bú note el problema, hasta que una ráfaga lo deja atrapado entre su idea y el miedo a mostrar que algo no ha salido bien. Cuando por fin pide una ayuda muy concreta -mirar la torre desde lejos-, los dos descubren una pista en la base. Desmontar una parte no borra la idea de Miko: les permite probarla de otra manera. Con humor, ternura y una solución visual fácil de seguir, Miko y la torre torcidísima acompaña a niños y familias a hablar de los errores, la observación y la colaboración sin quitar autonomía. Incluye una actividad final con bloques blandos o cajas vacías para experimentar con bases anchas y estrechas.
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