¿Qué queda de una sociedad cuando la educación deja de formar, la universidad aprende a vender credenciales y el mercado termina decidiendo qué merece existir? ¿Y si el gran problema de nuestro tiempo no fuera que hemos perdido las respuestas, sino que hemos dejado de hacernos las preguntas importantes?La humanidad que prefiero no es un homenaje complaciente ni un libro escrito para convertir a su autor en estatua. Es algo bastante más incómodo: la posibilidad de volver a conversar con Federico García Posada, educador, sociólogo y pensador colombiano, y escuchar una inteligencia que se negó a aceptar como naturales muchas de las cosas que su época -y la nuestra- aprendió a obedecer.A partir de una extensa conversación sostenida en 2017, escritos inéditos y una conferencia sobre Filosofía del Derecho, este volumen reconstruye una mirada singular sobre algunos de los grandes problemas de la vida contemporánea: la escuela y la formación del individuo; el lugar de las ciencias humanas; la crisis de la modernidad; la universidad y sus burocracias; la conversión del mercado en una metafísica; el poder, el Estado, la ley, la violencia, los derechos humanos y la posibilidad misma de vivir civilizadamente.Federico García Posada pregunta allí donde suele resultar más cómodo asentir. ¿Para qué sirven las humanidades en una sociedad obsesionada con la utilidad inmediata? ¿Qué ocurre cuando educar se confunde con producir títulos? ¿Puede una universidad seguir llamándose universidad cuando el conocimiento se somete a la lógica del cliente? ¿Qué clase de libertad queda cuando el mercado fabrica deseos y luego nos vende la satisfacción? ¿De qué valen los derechos si el poder puede decidir cuándo respetarlos? ¿Y cuánto tarda una sociedad en acostumbrarse a la violencia hasta convertirla en paisaje?No hay respuestas tranquilizadoras. Hay ironía, erudición, memoria, provocación y una profunda confianza en que los seres humanos pueden construir instituciones mejores precisamente porque no somos criaturas perfectas. Frente al cinismo, la banalidad y la fascinación contemporánea por convertirlo todo en mercancía, estas páginas defienden una idea exigente de humanidad: más libre, más culta, más justa, más igualitaria y menos cruel.Este es un libro para quienes todavía creen que pensar no consiste en repetir consignas; para profesores, estudiantes, lectores de ciencias sociales, filosofía, educación y política, pero también para cualquiera que sospeche que detrás de muchas palabras respetables -progreso, eficiencia, innovación, libertad- puede esconderse una formidable coartada.Leer La humanidad que prefiero es aceptar una conversación con un hombre que no pedía obediencia intelectual. Pedía algo mucho más difícil: argumentos.Y después de estas páginas, algunas certezas quizá ya no vuelvan a sentirse tan cómodas.
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