En la historia real, a la muerte de Augusto el poder pasó a Tiberio, y Livia pasó a la posteridad como la envenenadora que movía los hilos entre bambalinas. En esta novela, no. Roma, año 14. El hombre más poderoso del mundo ha muerto. Mientras el Senado conspira para repartirse los restos del poder y las legiones aguardan una señal, una figura emerge de las sombras del Palatino. No es un general ni un heredero de sangre: es Livia Drusilla - y no busca conservar el orden, sino ejecutar la visión que dos genios no se atrevieron a completar. César soñó con un poder basado en el mérito; Augusto lo escondió tras una máscara aristocrática. Livia decide que llegó la hora de desmantelar para siempre el privilegio de la sangre. Así comienza el juego político más ambicioso y peligroso de la Antigüedad: transformar un imperio de apellidos en una civilización de talentos. Entre intrigas palaciegas, expedientes secretos y la amenaza constante de la guerra civil, Livia deberá demostrar si es posible construir un sistema más justo que las personas que lo diseñaron. Para lectores de Robert Graves y Santiago Posteguillo: la mujer que "Yo, Claudio" pintó como veneno, vista por fin como estadista. Libro I de la trilogía La Discípula de César. La partida continúa en el Libro II.
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