El canto del sorsol Mi abuela siempre decía que cuando el sorsol cantaba, alguien tenía que morir. Era una creencia parecida al viejo dicho: «Cuando el tecolote canta, el indio muere».Por eso, cada vez que escuchaba aquel canto en la madrugada, tomaba una vieja pistola y salía al patio para ahuyentar al ave, como si al espantarla pudiera también alejar a la muerte. Yo la observaba sorprendido. Me impresionaba el miedo tan profundo que mi abuela sentía hacia aquel pájaro, conocido como tecolote americano o sorsol. En sus ojos había un terror difícil de explicar, casi sobrenatural. Sin embargo, lo que más me marcó ocurrió años después, cuando ella misma cayó gravemente enferma. La casa estaba en silencio. El aire olía a medicinas y veladoras, mientras los familiares hablaban en voz baja, como si temieran interrumpir algo inevitable. Entonces, antes del amanecer, el sorsol apareció. Se posó sobre el viejo árbol del patio y comenzó a cantar. Su canto, triste y profundo, atravesó la oscuridad de la casa. Nadie dijo una palabra. Mi abuela abrió lentamente los ojos y dirigió la mirada hacia la ventana, como si hubiera estado esperando aquel momento desde siempre. Después esbozó una leve sonrisa. Y fue entonces cuando comprendí, con un escalofrío imposible de describir, que el sorsol no venía a anunciar la muerte, sino a acompañar a las almas en su último viaje hacia el más allá.
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